Educación sexual

 

La sexualidad, como el trabajo, es inherente a la naturaleza humana. Somos, por definición, sexuados y, en la tramitación de las energías e identidad sexual, se juega la estructuración misma de la persona.

A veces parece que en las comunidades se pone la sexualidad entre paréntesis y lo único que se escucha de ella es “en la comunidad no se permiten las relaciones sexuales entre internos”. En nuestra comunidad la sexualidad será objeto de estudio y tema de elaboración en las distintas instancias terapéuticas.

La información, relativa a la sexualidad y su valoración, se reciben con mucha frecuencia distorsionadas durante el proceso de socialización. Muchas veces las normas en este campo son contradictorias y confusas y, en el ser humano, la sexualidad se combina con otros factores psicológicos no estrictamente sexuales, como la visión que uno tiene de sí mismo, la valoración de los demás en este terreno, etc. El comportamiento sexual humano es determinado tanto por factores biológicos como culturales y psicológicos.

La sexualidad, así entendida, no es solo un componente más de la personalidad, sino la forma general en que el individuo se manifiesta a si mismo y ante los demás, como perteneciente a una determinada clase de su especie.

La educación sexual trata de impartir una información progresiva y adecuada de lo que es la sexualidad humana para su formación, tanto en lo biológico como en lo afectivo-social. Debe perseguir la realización de una sexualidad plena y madura que permita al individuo una comunicación equilibrada con el otro sexo, dentro de un contexto de afectividad y responsabilidad.

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